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sopas de pescado y marisco

Crema de Calabacín y Almendras con Alga Nori

Ingredientes
4 calabacines cortados en rodajas
2 cebollas medianas cortadas finas
2 hojas de laurel
3 cucharadas soperas de almendra en polvo
sal marina
aceite de oliva
2 cucharadas soperas de almendra en lámina
1 hoja de alga nori

Preparación
Saltear las cebollas con un poco de aceite, laurel y una pizca de sal en una cazuela a fuego medio durante 10 minutos.
Añadir los calabacines y agua que los cubra. Tapar y cocer durante 15 minutos.
Retirar el laurel y hacer puré con las verduras. Añadir un poco más de agua, según la consistencia deseada. Añadir el polvo de almendras si la queremos más espesa.
Tostar ligeramente el alga nori sobre la llama (aproximadamente 5 minutos) por su parte rugosa, hasta obtener un color verde más brillante. Cortar con tijeras en trozos pequeños.
Decorar con láminas de almendras y el alga nori. Servir.

©Montse Bradford

El Mesón de la Señora Gorda


[Jane Perlez] En el sendero de Orwell.
George Orwell, que esbozó memorablemente la dura realidad de vivir de pan y sopa aguada en París en los años treinta, parece difícilmente el guía indicado de comidas exóticas en los trópicos. Sin embargo, en su clásica novela ‘La marca' [Burmese Days], Orwell crea una vibrante escena de su héroe y heroína paseándose entre los puestos del mercado llenos de pomelos maduros del tamaño de lunas verdes, bananas rojas, pescado ahumado, chiles carmesíes, patos curados como jamones, larvas de escarabajo rinoceronte, nueces de areca en forma de corazón, y "cestas de gambas del color de hierba de la mula del tamaño de langostas".
La lista completa es tan extravagante y tentadora que, para mí, hizo las veces de una especie de mapa culinario mental durante un viaje reciente a través de Burma, llamada ahora Myanmar por el gobierno autoritario. Myanmar ha cambiado muchísimo desde que Orwell trabajara allí como agente de policía en los años veinte, pero debido al aislamiento del resto del mundo impuesto por el gobierno (el país tiene pocos alimentos procesados y la comida importada es rara en el campo), los burmeses todavía viven de la agricultura y de su abundancia en verduras, frutas, peces y especias.
Antes incluso de que cruzar hacia Myanmar desde China, tuve un adelanto de las delicias que me esperaban. En Ruili, el bullente centro comercial de la provincia de Yunnan que sirve como el puerto de entrada de artículos chinos baratos en Myanmar, un comerciante burmés nos invitó, a mi guía y a mí, a un almuerzo de varios platos -un pollo negro entero al vapor, pequeños pescaditos asados, que se comen enteros de cabeza a cola, hojas de frijoles con ajo y, lo más extraño, semillas de amapola con requesón de soja. Cilantro picado salpicado encima agregaba un poco de pimienta -y color- a las suaves semillas que habían sido batidas con el requesón hasta adquirir la consistencia de una papilla ensopada.
Los funcionarios de inmigración no permiten que los viajeros extranjeros permanezcan en Mu Se, el primer pueblo burmés tras cruzar la frontera. Así que seguimos por el viejo Camino de Burma -la arteria que usaron los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial para contener a los japoneses- hacia el pueblo de Kutkai, luego a Lashio y a Hsipaw, una ciudad con un buen mercado y un hospitalario hostal, una parada favorita de los turistas.
Sin embargo, nuestro destino era un somnoliento punto en el mapa, el pueblo de Ohnoma, a unas dos horas al sur de Hsipaw. Ohnoma era un importante destino de nuestro viaje de diez días. Allí se encuentra un restaurante de camioneros conocido cariñosamente como la Casa de la Señora Gorda [Fatty Lady's Place] -el nombre oficial del establecimiento de cinco mesas es Napi-, que yo recordaba con gran ternura de un viaje anterior hace varios años. Entonces había comido allí fastuosamente: un pescado recién capturado, en especial, y cocinado de varias maneras, fue memorable. Lo mismo fue la invitación a entrar en la cocina a observar la cocina rápida al estilo de Burma. También recordaba el ansioso apetito de los conductores que aparcaban fuera sus enormes remolques.
Esta vez tampoco me decepcionó. Metida en la planta baja de una casa de dos pisos que lucía enormes anuncios de unos cigarrillos londinenses, Ma Aye Shwe -dueña, cocinera y de grandes proporciones- estaba todavía allí, limpiando los agrios pescados, verduras y salsas en menos de veinte minutos encima de un cocinilla de leña. La cocina burmesa oscila entre las influencias de India, con su tradición de curry, y de Tailandia y sus sabores de albahaca, limoncillo y cilantro con una pocas rarezas dejadas por los británicos. En la Señora Gorda recibes comida derechamente burmesa, con una ligera inclinación hacia el lado tailandés de las cosas.
Tan pronto como llegamos, cansados y empolvados, para un tardío almuerzo a las 4:30, Ma Aye Shwe pidió a una de sus sobrinas -tres de ellas trabajaban como sus ayudantes- sacar un enorme bagre de un metro de largo del estanque justo al otro lado de la ventana de la cocina. Lo hicieron rápidamente, cogiendo al pez con la mano y dándole un golpazo para matarlo y luego limpiándolo y cortándolo en trozos de una pulgada. La sobrina espolvoreó los trozos con algo de sal, algunos pedazos de jenjibre, y los arrojó en una sartén con manteca hirviendo. Iba a ser nuestro pescado frito.
En un segundo wok , la cocinera frió, revolviendo, algo de ajo, jenjibre y rodajas de tomate, agregó algo de agua, los trozos de bagre, un enorme ramillete de hojas de albahaca y cubrió el todo durante quince minutos, avivando las llamas con rápidos movimientos de un abanico de junco. Una segunda sobrina preparaba un pollo frito con brotes de bambú. Para el plato de verduras, nuestra anfitriona echó tomates y ajo con trozos de coliflor y sus hojas (sobras de los días británicos) en un wok, durante cinco minutos. Como guarnición de todo había trozos de una picante salsa amarilla: mostaza seca, ajo, jenjibre, chiles y cebollas cocidas con los verdes tallos de la planta de mostaza. Para el bagre frito, teníamos una salsa de tomate, ajo, chile verde, vinagre y caña de azúcar.
La comida fue servida en grandes platos de porcelana blanca colocados en el centro de nuestra mesa de madera redonda, junto con un enorme cuenco de arroz blanco. No había pensado en encontrar aquí ninguna de las delicias de los puestos del mercado de Orwell. Pero obtuve lo que quería: que me invitaran a la pequeña cocina (dos bancos, un par de tablas de cocina y afilados cuchillos, dos pequeños tubos fluorescentes arriba) y una apetitosa comida directamente de la sartén, todo por unos siete kyat, el equivalente de un dólar por persona.
Durante el resto del viaje comimos en varias cocinerías al borde del camino, que ofrecían poco familiares combinaciones de sabores. Las amarillas flores de papaya sofritas en ajo parecían una variación de la clásica ensalada de papaya. Las ranas cocinadas con un surtido de hojas amargas, y hojas de anacardo estofadas con rodajas de pepino crudo, daban una muestra de la veta picante de la cocina burmesa. Rara vez gasté más de diez kyat por comida. La mayor parte de las veces mi guía me ayudó en los pedidos, aunque con sonrisas y ademanes que podría haber hecho yo mismo.
En el balneario de Ngapali en la costa occidental, encontré la ruta hacia Best Friends, un sencillo restaurante acurrucado entre una hilera de pequeñas cocinerías que sirven especialmente a turistas. Me instalé en una mesa en la cubierta, donde algunas mesas eran ocupadas por alemanes y franceses. Saboreé la ensalada de aguacate más deliciosa del planeta, y pedí la receta. Resultó ser de lo más elemental: aguacates cortados en pedacitos, rodajas de cebollas y cubos de chalotes y tomates, mezclados con un poco de azúcar, vinagre, aceite y un poquito de salsa de pescado. El todo salpicado de cilantro. Lo que hacía la diferencia era el exuberante aguacate directamente de la huerta.
En Ngapali, donde el Océano Indio besa la playa, esperaba deleitarme con gambas del tamaño de langostas, como recordaba de las páginas de ‘La marca'. Después de todo, había visto pomelos, bananas rojas, pilas de pescado ahumado, cocos verdes y raros bichos en casi todos los mercados. Las hojas de nuez de areca en forma de corazón, tal como las había descrito Orwell, eran abundantes en los ubicuos puestos que sirven las hojas de areca con un trozo de la dura nuez con unas gotas de lima.
Pero las gambas me eludirían en los mercados de la playa de Ngapali. Las divisé brevemente -brillando en sus cáscaras translúcidas en los mesones de acero de una fábrica exportadora- cuando eran pesadas para ser empaquetadas y enviadas por carga aérea al Japón.
Para mejor o peor, este, desde los días de Orwell, era un signo de modernidad.

15 de marzo de 2007
11 de marzo de 2007
©new york times
©viene de mQh

Jane Perlez

"George Orwell, que esbozó memorablemente la dura realidad de vivir de pan y sopa aguada en París en los años treinta, parece difícilmente el guía indicado de comidas exóticas en los trópicos".

En A Culinary Odyssey, en The New York Times, 11 de marzo de 2007. [En mQh como El Mesón de la Señora Gorda ].

Sopa de Mijo y Calabaza con Algas Nori

Ingredientes
1/3 de vaso de mijo lavado y escurrido
1 cebolla cortada a cuadritos
¼de calabaza pequeña pelada y cortada en cubos
2 tiras de apio troceado fino
1 pizca de sal marina
2 hojas de laurel
1 cucharada de aceite de oliva
2 hojas de alga nori tostadas
perejil

Preparación
Saltear la cebolla con un poco de aceite, el laurel y una pizca de sal marina en una cazuela grande durante 10-12 minutos.
Añadir dos tazas de agua, el mijo y las verduras. Tapar y cocer a fuego medio durante 35 minutos.
Tostar el alga nori por la parte rugosa durante unos segundos, cerca de la llama (aproximadamente cinco centímetros) hasta que su color cambie a verde más brillante. Cortar a tiras finas con las tijeras. Servir con el perejil y las tiras de nori.

©Montse Bradford

Sopa Campestre de Alga Dulse

Ingredientes
2 puerros cortados finos
2 calabacines cortados en cubos
1 nabo cortado en cubos
2 zanahorias cortadas en cubos
2 pencas de apio troceadas
¼ de coliflor troceada
1/3 de taza de alga dulse remojada durante 2-3 minutos escurrida y cortada fina
1 cuchara sopera de albahaca seca
1 cucharadita de postre de mugi miso
perejil cortado fino
pan frito en cuadrados

Preparación
Hervir 3 tazas de agua, añadir los puerros, cocinar sin tapa durante 3-4 minutos.
Añadir el alga y el resto de las verduras, la albahaca y una pizca de sal marina. Tapar y cocinar durante 7-10 minutos.
Diluir el mugi miso con un poco de la sopa, reducir al mínimo y añadir el miso, dejándolo cocer durante 1 minuto. Servir con el perejil y el pan frito.

©Montse Bradford

La Cuchara Sopera


En un diario del sur de Chile, encontré esta simpática nota sobre la cuchara sopera. Buen apetito.
[Iván Contreras R.] Hace bastante tiempo, tal vez unos treinta años, que le compramos a una profesora alemana que regresaba a su país, un juego de servicio de mesa. No tenía de las acostumbradas reminiscencias barrocas, por lo que su diseño de gran síntesis formal resultaba muy moderno y también muy funcional al expresar con gran claridad para que servía cada pieza.
Nos llamó la atención que las cucharas eran todas de un solo porte, semejante a la que conocíamos como cuchara de postre y no venía la cuchara sopera. Fue el primer atisbo del paulatino desaparecimiento que esperaba a estos utensilios con las que comí las sopas y las cazuelas de la niñez.
Días atrás, al alabar la belleza de una cuchara que estaba en la ensaladera en nuestra casa, Marta me afirmó que era la última cuchara sopera de un juego de cuchillería que compramos en Valdivia, allá por el `56. Otras cucharas soperas de aquel juego valdiviano se le traspasaron a nuestra hija, quien no puede tomar las sopas -a las que es una verdadera aficionada- sino con la cuchara grande, por tanto ella les ha de dar máximo cuidado.
Siguió la conversación agregando que las medidas de los platos también han sufrido una disminución desde que la invasión de los juegos de loza chinos introdujo la desorientación en los fabricantes chilenos prontos a tomar las novedades o a seguir la moda. Tanto así que en la cocinería popular del Mercado de Chillán nos han servido la cazuela de pava, con chuchoca, claro, en un pequeño pocillo de loza del cual se salía la presa por todos lados y, por supuesto, con una cuchara ad hoc, de postre.
Coincidencias sobre esto aparecieron al conversar con el doctor Godoy, cuando me recetó los 10 ml de un jarabe que debo tomar dos veces al día. Reclamó la falta que hacía la cuchara sopera en relación a la que los médicos podían recetar la cantidad precisa de remedio. Los fabricantes de los juegos de servicio se cuidaban de respetar las medidas fijadas a cada tamaño de cuchara y, de este modo, en todos los hogares se encontraba un medio estándar de calcular el medicamento.
Y han seguido las concordancias, pues habiendo recién pasado unos días en las Termas de Catillo, a 23 kilómetros de Parral hacia la cordillera, comprobamos que en sus comedores aún existen cucharas soperas, que se notan ya antiguas, con las cuales pudimos tomar al almuerzo y cena, nuestras sopas castellanas, julianas, angelinas y pastinas, como se las denomina allí. Para qué decir que con el buen clima y las atenciones de Catillo, y con el jarabe del doctor Godoy, me despedí de todos mis males.
[10 de marzo de 2007]
el sur ]

Sopa de Verano de Algas Dulse

Ingredientes
1 zanahoria cortada fina estilo Juiana
½ pepino cortado a medias rodajas finas
½ bloque de tofu fresco cortado en cubos
1 cucharada de alga dulse remojada 3 minutos escurrida y cortada en trozos
1 cebolla cortada en anillos finos
2 cucharadas soperas de miso blanco
1 cucharadita de postre de mostaza natural
1 cucharada sopera de aceite de oliva
1 cucharada sopera de jugo concentrado de manzana
albahaca fresca o perejil

Preparación
Hervir dos tazas de agua, añadir los anillos de cebolla, las zanahorias y el tofu. Hervir sin tapa con una pizca de sal marina durante 10 minutos.
Añadir el pepino, el alga y los condimentos al gusto. Dejar enfriar en la nevera y servir con la albahaca fresca.

©Montse Bradford

Potaje Casero con Kombu

Ingredientes
2 tiras de alga kombu
½ taza de trigo sarraceno
2 puerros medianos cortados finos
¼ de calabaza pelada y cortada en cubos
½ vaso de guisantes verdes
2 cucharadas soperas de miso blanco
laurel
tomillo
aceite de oliva
sal marina
perejil fresco

Preparación
En una sartén sin aceite, tostar el trigo sarraceno (sin lavar) durante varios minutos. Retirar y dejar aparte.
Saltear en una olla de fondo grueso los puerros con un fondo de aceite de oliva y una pizca de sal marina, durante 5-6 minutos sin tapa.
Añadir a los puerros, la calabaza, el trigo sarraceno, 3 tazas de agua, el alga kombu y las hierbas aromáticas. Tapar y cocer a fuego medio/bajo durante 45 minutos.
Es recomendable utilizar un difusor, para prevenir que no se pegue.
Retirar el alga kombu y cortarla en tiras finas, añadirla al potaje. Agregar los guisantes verdes y cocer durante 5 minutos.
Rectificar la consistencia del potaje, añadiendo más líquido si es necesario. Diluir el miso blanco con un poco del líquido del potaje y añadirlo.
Servir caliente con perejil fresco.

©Montse Bradford

Sopa Estofado de Kombu

Ingredientes
1 tira de alga kombu remojada toda una noche
1 puerro troceado
½ calabaza pequeña cortada en cubos grandes
¼ de col blanca (repollo) troceada grande
1 mazorca de maíz troceada
4-5 rodajas de jenjibre fresco
1 cucharada de mugi miso
1 cucharada de postre de aceite de sésamo tostado (opcional)
cebollino fresco cortado fino

Preparación
En una cazuela de fondo grueso, colocar el alaga kombu y su agua en remojo. Añadir más agua, hasta obtener una cantidad aproximada de 2 tazas. Llevar a ebullición.
Añadir las verduras y el jenjibre. Tapar y cocer a fuego medio o bajo durante 30 minutos.
Diluir el miso con un poco del líquido de la sopa o estofado, e integrarlo en la cocción, junto con el aceite. Cocer a fuego mínimo 1-2 minutos y apagar el fuego. Servir con el cebollino crudo. Si el alga kombu todavía está dura, se puede utilizar para otro plato.

©Montse Bradford

Cocido de Kombu

Ingredientes
4 patatas medianas lavadas y troceadas
2 chirivías troceadas
3 zanahorias troceadas
4 cebollas cortadas a cuartos
2 tiras de alga kombu
1 ajo picado
1 ramita de canela
2 cucharadas soperas de almendra tostada, pelada y picada
2 hojas de laurel
perejil fresco

Aliño
1 pizca de sal marina
aceite de oliva

Preparación
Remojar el alga kombu durante toda la noche. Cortarla en trozos pequeños.
Saltear con un poco de aceite de oliva, el ajo y las cebollas, con una pizca de sal marina, durante 2 a 3 minutos.
Añadir un fondo de agua del remojo del alga kombu, junto con el alga troceada, el resto de las verduras, el laurel, la ramita de canela y otra pizca de sal marina. Tapar y cocer a fuego medio/bajo durante 30 a 40 minutos.
Añadir la almendra picada y cocer durante 5 a 7 minutos más. Servir con perejil fresco.

©Montse Bradford

Mark Magnier

"Les daban de comer dos veces al día, generalmente un bollo y una sopa aguada".
Mark Magnier in China May Close Reeducation Prisons, Los Angeles Times, 5 de marzo de 2007. [En mQh: Cárceles Ideológicas y Esclavitud en China]

Consomé de Kombu

Ingredientes
2 tiras de alga kombu
1 zanahoria troceada
1 chirivía troceada
2 tiras de apio troceadas
1 cebolla troceada
1 trozo de col blanca troceada
hierbas aromáticas al gusto (perejil)
salsa de soja
jenjibre fresco

Preparación
Añadir todas las verduras troceadas a un libro de agua hirviendo, junto con el alga kombu. Dejar hervir con tapa durante unos 30-40 minutos en fuego mínimo.
Retirar el alga kombu y las verduras.
Se puede sazonar al gusto con salsa de soja y jugo de jenjibre fresco.
Servir con perejil picado fresco.

©Montse Bradford

Sopa de Cabeza de Congrio (Chile)

Ingredientes y Preparación
Consiga cabezas de congrio. Lávelas y póngalas en una olla con legumbres y hierbas diversas, sal, pimienta, cebollas, etc.
Añada algunos mariscos. Eche el caldo y las legumbres en la sopera, donde previamente se habrá puesto un pedazo de mantequilla y pan tostado.

©ediciones felc

Crema Mongoliana

Crema con Filetes de Arenque
Ingredientes
caldo de posta [vea Crema de Jaibas]
2 tomates grandes
1 cucharada de cebolla picada fina
1 cucharada de perejil picado fino
2 cucharadas de maicena
pepinillos en escabeche
aceite
sal

Preparación
Se fríe la cebolla en el aceite; se le agregan los tomates pasados por cedazo, el perejil, y se deja cocer; enseguida se le va incorporando, de a poco, la maicena disuelta en agua fría; se aclara con caldo caliente y se sirve. En cada plato se colocan medio pepinillo cortado a lo largo y un filete de arenque.

©ediciones felc

Crema de Jaibas con Carne (Chile)

Ingredientes
caldo de posta
3 jiabas grandes
2 yemas de huevo
2 cucharadas de mantequilla
1 taza de crema
1 vaso de vino blanco
1 cucharada de harina
1 cucharada de ají de color
sal

Preparación
Se fríe la harina con la mantequilla; se aclara con un poco de sopa y se deja hervir durante 10 minutos; se le agrega la carne de las jaibas, que se les habrá sacado cuidadosamente después de cocidas; también se agregan las yemas pasadas por cedazo, el resto de sopa hirviendo, el vino, el coral pasado por cedazo, la crema calentada a baño maría, sal y ají de color disuelto en aceite; se revuelve suavemente para que se incorpore bien, cuidando que no hierva, y se sirve.

Caldo de Posta Ingredientes
¼ de posta negra
½ cebolla
1 zanahoria chica
1 pimiento
sal

Preparación
La posta se remoja un rato en agua fría para que suelte el jugo; se cuece en ese mismo agua (más o menos el doble de cantidad que los platos necesarios), añadiéndole la cebolla, el pimiento y la zanahoria rallada cruda; se hierve hasta reducirla a la mitad de su volumen; se cuela. Si quedara de color desteñido, se le agrega un pedacito de azúcar bien quemado, que le dará un bonito y apetitoso tono de jugo de carne; enseguida se aprovecha para cualquier sopa o se sazona y sirve.

©ediciones felc

Sopa de Albóndigas de Corvina

[Sopa Rívoli]

Ingredientes
1 cabeza de pescado
½ cebolla
1 tomate
1 pimiento morrón
1 zanahoria
1 hoja de laurel
1 ramita de apio
sal
pimienta
nuez moscada
150 g de crema fresca
2 yemas de huevo
250 g de albóndigas de corvina u otro pescado

Ingredientes para las albóndigas
125 g de mantequilla
1 pan chico remojado en leche
1 cucharada de queso rallado
2 huevos
harina
sal
pimienta
nuez moscada

Preparación de las albóndigas
La corvina cruda, después de quitarle las espinas, se pica muy fina y se mezcla con la mantequilla, el queso, el pan exprimido y pasado por cedazo, los huevos uno a uno, sal, pimienta, nuez moscada; se trabaja hasta dejar una pasta homogénea y enseguida se deja reposando durante dos a tres horas.
Después de armar y poner el caldo al calor, con esta mezcla se forman bastoncillos del grosor de un dedo que se cortan en pedacitos regulares; con ellos se forman pequeñas albóndigas y se pasan por harina.

Preparación del caldo
La cabeza de pescado se pone en una olla con la cebolla, tomate, pimiento y zanahoria cortados en pedazos, el resto de los aliños, dos litros de agua fría y se coloca a calor fuerte; después que hierva se continúa cocinando a calor suave.
Se cuela el caldo y en él se cuecen las albóndigas. Al momento de servir, se aliña con la crema calentada a baño maría, junto con las yemas.

©ediciones felc

Sopa de Almejas y Jaiba con Tocino (Chile)

Ingredientes
6 almejas
4 tomates vaciados y pelados
50 g de tocino magro
50 g de coral de jaiba
100 g de ruedas grandes de papas
50 g de mantequilla
3/4 de l de caldillo de pescado
sal
pimienta
pequeño ramillete de tallos de perejil
tomillo
perejil picado
1 a 2 cucharadas de galletas saladas picadas
100 cc de crema

Preparación
Calentar lentamente el tocino cortado en dados, en la mitad de la mantequilla, y añadir las papas cortadas a ruedas. Blanquear los moluscos. Añadir el caldillo de pescado y el caldo de los moluscos a las papas. Agregar el ramillete de hierbas; sazonar ligeramente y cocer a fuego lento durante 20 minutos.
Poner la carne de los moluscos y el tuétano cortados en dados en la sopa. Cocer durante 15 minutos más.
Agregar los tomates cortados en dados y cocer todo junto. Retirar el ramillete de hierbas, dar a la sopa la consistencia deseada, añadiéndole galletas picadas, el resto de la mantequilla y la crema.
Espolvorear la sopa con el perejil picado.

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Sopa de Machas con Queso Rallado (Chile)

Ingredientes
24 machas
1 cebolla
1 pimiento grande
2 tomates
1 vaso de vino blanco
salsa de ají
2 cucharadas de queso rallado
3 cucharadas de aceite
sal
pimienta
rebanadas de pan tostado

Preparación
La cebolla picada en pluma fina se fríe en el aceite; se le agregan el tomate pasado por cedazo, el pimiento pelado y cortado en tiritas y se continúa cocinando a calor suave. A las machas, ya desconchadas, se les saca un nervio que tienen en forma de gusanito, siendo esto indispensable para que quedan blandas, y se golpean suavemente hasta dejarlas lacias; se ponen en una cacerola con agua tibia y se cocinan a calor suave hasta que estén muy blandas. Se guarda el agua.
En una fuente resistente al calor se colocan una capa de cebolla, otra de machas, otra de queso, etc., y se continúa alternando en el mismo orden, se termina con una capa de pan tostado; se le vacía sobre ella el vino y el agua en que se cocieron las machas, la que se habrá aliñado con sal, salsa de ají y pimienta; si este agua fuere poco, se le agregará agua caliente.
Se calienta un momento en el horno y se sirve.

©ediciones felc

Ramón Díaz Eterovich

"Un sucucho sin fama que se defendía a punta de cervezas y de un caldo aceitoso que el dueño promovía como caldillo de congrio".
Ramón Díaz Eterovich, En la Mitad Más Triste del Maldito Corazón, La Nación, 18 de febrero de 2007

Sopa de Machas con Cerveza (Chile)

Ingredientes
30 machas
1 cebolla cortada en pluma
1 botella grande de cerveza
½ taza de aceite
1 cucharada de ají de color
perejil picado
sal
pimienta

Preparación
Saque las machas de su concha, separando los cuerpos de las lenguas. Golpee estas con el mango del cuchillo, para que ablanden. Desarene cuidadosamente los cuerpos.
Haga dorar la cebolla y perejil en el aceite y el ají de color; agregue los cuerpos de las machas y la cerveza, y complete con agua hirviendo hasta obtener caldo suficiente.
Sazone con sal y abundante pimienta. Deje hervir no más de diez a doce minutos. Disponga las lenguas crudas con crustones de pan frito en los platos en que llevará la sopa a la mesa.
En el momento de servir, derrame sobre ella el caldo hirviendo colado. Espolvoree con perejil picado.

©ediciones felc